1. Anáfora de san Basilio
Recensión Bizantina
Sacerdote: La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios
Padre y la comunicación del Espíritu Santo sea con todos vosotros.
Pueblo: Y con tu espíritu.
Sac.: Levantemos los corazones.
Pueblo: Los tenemos levantados al Señor
Sac.: Demos gracias al Señor
Pueblo: Es justo y necesario
El que eres, Soberano, Señor, Dios Padre, Señor universal, Adorable, digno es en verdad y justo y conveniente a la magnificencia de tu santidad alabarte, cantarte himnos, bendecirte, adorarte, darte gracias, glorificarte, a ti el único que verdaderamente eres Dios, y ofrecerte con corazón contrito y espíritu humillado (cf sal 50,17) este culto nuestro espiritual.
Porque tú eres quien nos ha concedido el conocimiento de su verdad. ¿Quién será capaz de narrar tus prodigios? ¿Quién ha de hacer oír tus alabanzas o de referir tus maravillas en todo tiempo? ¡Oh Soberano, Soberano de todas las cosas!
Señor de cielo y tierra y de toda criatura visible e invisible, que está sentado sobre un trono de gloria y escrutas los abismos; sin principio, invisible, inaprehensible, indescriptible, inmutable; el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, del Dios grande y Salvador, nuestra esperanza, el cual es imagen de tu bondad, impronta igual a su modelo, manifestador en sí mismo del Padre, Palabra viviente, Dios verdadero, Sabiduría anterior a los siglos, vida, santificación, poder, la luz verdadera, mediante el cual el Espíritu Santo se ha manifestado; el Espíritu de verdad, el don de la adopción, la prenda de la herencia futura, las primicias de los bienes eternos, la fuerza vivificante, la fuente de la santificación, por quien toda criatura dotada de razón y entendimiento encuentra fuerzas para rendirte culto y elevar hacia ti la eterna doxología, porque todos los seres está a tu servicio.
A ti,en efecto, te alaban los ángeles, y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, y los querubines de muchos ojos; en derredor tuyo están los serafines, uno y otro con seis alas, con dos de las cuales se cubren el rostro, con dos los pies, y con dos vuelan, mientras cantan alternativamente con bocas que no callan, con divinas palabras que no enmudecen; y, cantando el himno de triunfo, claman y gritan, diciendo:
"Santo, Santo, Santo, Señor Sabaoth.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en las alturas.
Bendito el que viene en nombre del Señor
Hosanna en las alturas.
CONMEMORACION HISTORICO-SALVIFICA
Con estas potencias bienaventuradas, Soberano, Amigo de los hombres, también nosotros, pecadores, proclamamos y decimos:
Santo eres en verdad y santísimo y no hay medida para la magnificencia de tu santidad, y santo eres en todas tus obras, porque en justicia y juicio verdadero todo lo has conducido hacia nosotros.
| Así, después de modelar al hombre tomando polvo de la tierra y
honrarle con tu imagen ¡oh Dios! lo colocaste en el paraíso de delicias, prometiéndole
inmortalidad de vida y goce de bienes eternos si guardaba tus mandatos. Más cuando él te desobedeció, Dios verdadero que lo habías creado, y fue seducido por el engaño de la serpiente y se ganó la muerte por sus propias culpas, tú ¡oh Dios! con justa justicia lo desterraste del paraíso a este mundo y le hiciste volver a la tierra de que había salido, mientras a la vez planeabas para él la salvación mediante la regeneración en tu Cristo; pues no rechazaste al fin la figura tuya que hiciste ¡oh Bueno!, ni olvidaste la obra de tus manos; antes bien, de muchas maneras nos visitaste por tus entrañas de misericordia enviaste los profetas, hiciste prodigios por medio de tus santos, los que en cada generación te habían sido agradables; por boca de sus siervos los profetas nos hablaste, preanunciándonos la salvación que vendría; diste como ayuda la ley, estableciste ángeles guardianes. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, nos hablaste en tu mismo Hijo, por quien habías hecho también todos los siglos; el cual siendo esplendor de tu gloria e impronta de tu sustancia, el que sustenta todas las cosas con la fuerza de tu palabra, no consideró codiciable tesoro el ser igual a ti, Dios y Padre; antes bien, el que es Dios desde antes de los siglos se hizo visible en la tierra y convivió con los hombres; y tomando carne de una virgen santa, se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, haciéndose conforme al cuerpo de nuestra pequeñez para hacernos a nosotros conformes a la imagen de tu gloria. Y así como por un hombre había entrado el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte agradó a tu unigénito Hijo, que está en tu seno, Dios y Padre, naciendo de una mujer, la santa Madre de Dios y siempre virgen María, naciendo bajo la ley, condenar al pecado en su carne a fin de que los que estaban muertos en Adán fueran vivificados en tu mismo Cristo. Y habiendo tomado carta de ciudadanía en este mundo, promulgando preceptos de salvación y apartándonos del engaño de los ídolos, nos condujo al conocimiento de ti, Dios y Padre verdadero; adquiriéndonos para sí como pueblo escogido, sacerdocio real, nación santa; y purificándonos por el agua y santificándonos en el Espíritu Santo, se entregó a sí mismo como rescate a la muerte, a la cual estabamos sometidos, traicionados por el pecado. Y descendiendo por la cruz al Hades, para llevar a cumplimiento todo por si mismo, desató los lazos de la muerte; y resucitando al tercer día y abriendo a toda carne al camino de la resurrección de los muertos, como no era posible el autor de la vida ser dominado por la corrupción, llegó a ser primicia de los que se habían dormido, primogénito de entre los muertos, de modo que él fuese primero que todo en todo; y subiendo a los cielos, está sentado a la dereceha de la Majestad en las alturas y vendrá a retribuir a cada uno según sus obras. El nos dejó estos recuerdos de su pasión salvadora, que hemos presentado según sus mandatos. |
Cuando iba, en efecto, a ir a su voluntaria, celebrada y vivificante muerte, la noche en que se entregó a sí mismo para la vida del mundo, tomó pan en sus santas e inmaculadas manos, mostrándotelo a ti Dios y Padre; dando gracias, bendiciendo, santificando, partiéndolo, lo dio a sus santos discípulos y apóstoles diciendo: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo, partido por vosotros para el perdón de los pecados".
Del mismo modo, el cáliz con el fruto de la vid, mezclándolo, dando gracias, bendiciendo, santificando, lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: "Bebed todo de él, ésta es mi sangre, derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en memorial mío.
Cuantas veces, en efecto, comáis este pan y bebáis de este cáliz, anunciáis mi muerte, confesáis mi resurrección.
Recordando, pues, también nosotros, oh Soberano, sus sufrimientos salvadores, su cruz vivificante, su sepultura de tres días, su resurrección de los muertos, su retorno a los cielos, su sesión a tu derecha, Dios y Padre, y su gloriosa y tremenda segunda parusía; ofreciéndote lo que es tuyo de entro lo que es tuyo en todo y por todo.
Pueblo: Te alabamos (te bendecimos, te damos gracias, Señor; te rogamos Dios nuestro).
Por eso Soberano, Santísimo, también nosotros los pecadores e indignos siervos tuyos, a quienes has juzgado dignos de servir a tu santo altar no por nuestras acciones justas, pues nada bueno hemos hecho sobre la tierra, sino por las misericordias y benevolencias que tú has derramado abundantemente sobre nosotros, nos acercamos confiados a tu santo altar; y presentando los símbolos del santo cuerpo y sangre de tu Cristo, te rogamos y suplicamos, Santo de los santos, que con el beneplácito de tu bondad, venga tu Espíritu Santísimo sobre nosotros y sobre estos dones presentados; y los bendiga y santifique y haga aparecer a este pan como el mismo precioso cuerpo del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo;
Pueblo: Amén
a este cáliz, como la misma preciosa sangre del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo;
Pueblo: Amén
Y a todos nosotros, que participamos de un solo pan y de un solo cáliz, únenos los unos a los otros en la comunión del único Espíritu Santo; y haz que ninguno de nosotros participemos del santo cuerpo y sangre de tu Cristo para juicio o condenación, antes bien que encontremos misericordia y gracia con todos los santo que en el correr de los siglos te fueron agradables.
(Siguen las intercesiones)
Y concédenos que con una sola voz y un solo corazón glorifiquemos y alabemos tu Nombre, digno de todo honor y grandeza; del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo ahora (y siempre y por los siglos de los siglos).
Amén.
ANAFORA DE LAS CONSTITUCIONES APOSTOLICAS
(SIRIA AÑO 380)(Libro VIII 4,11-15)
ESTRUCTURA: Diálogo introductorio
Gran Conmemoración Veterotestamentaria
Introducción al Sanctus
Sanctus
Conmemoración Neotestamentaria
Relato Institucional
Anámnesis
Epíclesis
Intercesiones
Doxología conclusiva.
CONMEMORACION VETEROTESTAMENTARIA
En verdad es digno y justo alabarte en todas las cosas ... no sólo creaste el cosmos, sino que además hiciste en él al hombre...tú dijiste en tu sabiduría: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, domine sobre los peces del mar y los pájaros del cielo... En el momento de crearlo implantaste en él la ley natural, de modo que dentro de sí y por sí mismo tuviera las semillas del conocimiento divino.
Al introducirlo en el paraíso de delicias de todas las cosas le concediste poder participar. Sólo de una cosa le prohibiste probar en espera de bienes mayores, de modo que, si guardaba el mandato obtuviera la inmortalidad en recompensa.
Y cuando descuidó el mandato...lo expulsaste del paraíso; pero en tu bondad...
Tú eres quien libró a Abraham de la idolatría de sus antepasados... Y cuando los hombres corrompieron la ley natural y pensaban que la creación se había hecho a sí misma...les pusiste en su camino a tu santo siervo Moisés, y por él promulgaste la ley escrita como ayuda de la ley natural .
Por todo esto gloria a ti, soberano Señor del Universo, innumerables ejércitos de ángeles y arcángeles...dicen...
Viene entonces el Sanctus y después:
Santo es también tú único Hijo, nuestro Dios y Señor Jesucristo, el cual, colaborando en todo contigo, Dios y Padre suyo, en la variada creación y la oportuna providencia, no despreció al género humano, que parecía perdido.
Antes bien, después de la ley natural,
después de la exhortación de la ley escrita,
después de las advertencias de los profetas...
y cuando estaban ya a punto de perecer todos aquellos que subsistían,
tuvo a bien, por tu querer,
él, el Hacedor de los hombres, hacerse hombre;
el Sacerdote, hacerse víctima;
el Pastor, oveja. (n.30)
ANAFORA ALEJANDRINA DE SAN GREGORIO
Es una de las anáforas actualmente usadas por la Iglesia copta. Su origen parece haber sido Siria en torno al fin del siglo IV. Fue usada en los monasterios de Escete (compuesta sobre la base de los escritos de Gregorio de Nacianzo, en el ambiente siro-antioqueno), la narración histórico-salvífica es construida en forma de diálogo tú-por-mí, resaltando así el carácter orante del que la recita y la "toma de conciencia" del carácter personal de dicha economía de salvación, de ser una relación interpersonal.
Señor, ten piedad.
Tu me modelaste y pusiste tu mano sobre mí;
dejaste impresa en mí la imagen de tu potencia:
infundiste el don de la razón en mi corazón ,
para mi deleite abriste el paraíso...
Tú mismo para mí enviaste profetas;
por mí, el enfermo, diste como ayuda la ley.
Tú mismo a mí me procuraste lo necesario
para sanar aquello en que había prevaricado...Siendo Dios infinito
no te aferraste al ser igual a Dios como al botín de una rapiña,
sino que te anonadaste a ti mismo,
tomando forma de siervo;
en tu naturaleza hiciste bendita la mía,
por mí cumpliste la ley,
me indicaste cómo he sido levantado de mi caída...
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