Del libro de P. Argárate,
La Iglesia celebra a Jesucristo. Introducción a la celebración litúrgica. San Pablo. Buenos Aires, 1994, pp. 177-205
(Traducción portuguesa A Igreja celebra Jesus Cristo. Paulinas Sao Paulo 1997).

 

El Ciclo Pascual

 

Memorial de la pasión gloriosa
de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección
del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos.

 

En nuestro año litúrgico actual tenemos dos ciclos que resalen: el pascual y el de Navidad. Resaltan por su importancia y extensión. A primera vista notamos que esos dos ciclos, están dotados de un tiempo de preparación. Es decir la cuaresma respecto a la Pascua y el Adviento para la Navidad.

Ahora nos dedicaremos al Tiempo Pascual y su preparación en la Cuaresma. Este tiempo tiene por núcleo, como todo el año litúrgico, la celebración de la Pascua del Señor. Esta fiesta es preparada cuarenta días ( cuaresma) y prolongada otros cincuenta (tiempo pascual). Este tiempo pascual es dominado por la celebración central de la vigilia pascual. Ella está siempre presente, anticipada, a lo largo de la cuaresma, y el tiempo pascual no es más que ir, de algún modo, desmenuzando los aspectos del misterio pascual, misterio que es uno.

¿Cómo se llegó a esta forma actual que hemos descripto?

Partiendo del núcleo pascual original, que es el domingo, la iglesia empieza a celebrar el misterio pascual, de un modo especial, un domingo al año. Al poco tiempo, dada la relevancia de la Pascua, se extiende su celebración por siete semanas. Dos siglos después ese día quincuagésimo, el último día del tiempo pascual, se solemniza en la celebración de Pentecostés, la presencia vivificante del Espíritu en la Iglesia.

Al mismo tiempo la iglesia viendo los aspectos esenciales del misterio de Pascua, empieza a celebrar el triduo, los tres días sagrados, pascual. Se ve la Pascua como el misterio de "Cristo crucificado, sepultado y resucitado". Sin embargo es necesario antes de entrar en un análisis detallado, subrayar la importancia que tiene el no fragmentar la unidad del misterio pascual. La liturgia no recuerda hechos pasados en una atmósfera del afectividad espiritual, sino que celebra un misterio que se hace actual.

Desde temprano la iglesia quiso prepararse para la celebración del corazón de su fe con un tiempo de ayuno. Este va a empezar a extenderse hasta conformar la Cuaresma, los cuarenta días en que la iglesia se alista para las fiestas pascuales.

 

La vigilia pascual

 

El viernes y el sábado ayunaréis completamente y no tomaréis nada. Reuníos, no durmáis, velad toda la noche en oraciones, súplicas, lectura de los profetas, del evangelio y de los salmos.. hasta las tres horas de la madrugada siguiente al sábado. entonces dejaréis de ayunar ... Ofreced vuestros dones y luego comed, estad alegres, felices y contentos, pues el Mesías, prenda de vuestra resurrección, ha resucitado. Será para vosotros un ley eterna hasta el fin del mundo.

Este documento nos muestra como se celebraba la pascua antiguamente. Ayuno, reunión de la comunidad de creyentes, vigilia de oración, lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, celebración de la eucaristía, ágapes fraternales en la alegría de Cristo resucitado, tales son los elementos fundamentales de la vigilia pascual.

Sin embargo nuestra celebración actualmente presenta otros elementos. En esta vigilia dominada por una extensa y rica celebración de la palabra la liturgia romana va a introducir el bautismo y la bendición de la fuente bautismal hacia el siglo III, el uso del cirio pascual, precedido por la bendición del fuego nuevo y la procesión de la luz.

Es decir ilumina la noche pascual con el simbolismo del agua, como novedad de vida que irrumpe con el misterio pascual, y la luz de Cristo brillando en las tinieblas. Pablo, en la carta a los romanos, ya había mostrado la íntima conexión entre el bautismo y el misterio pascual: aquel nos injerta en este.

¿Qué noche más adecuada en el año para que aquellos que cuidadosamente se han preparado sean incorporados a Cristo y su iglesia?. Es claro que esto requiere para alcanzar su máxima expresión que el bautismo sea de adultos.

Sabemos de la importancia en las culturas antiguas de la luz. Resulta casi imposible para nosotros, acostumbrados a la electricidad, imaginarnos todas las resonancias que despertaba el tema de la luz. Así un momento especial es aquel en que se enciende la luz para la noche. Un momento especial, lleno de evocaciones. Las tinieblas que empiezan a invadir y que, en alguna medida, amenazan la vida del hombre, son sofocadas por la protección de esa luz. Por ello constituye un momento de gozo. Es la hora del banquete con los amigos. Entre los judíos marca el inicio del nuevo día y el viernes por la tarde solemnemente comienza la celebración del sábado.

La liturgia cristiana se ha enriquecido por hermosos himnos de los cristianos que ven, en este fuego nuevo, la luz de Cristo. Esto se potencia más aún en la celebración pascual.

Se va a consagrar a Dios esa luz que iluminará a la comunidad en la vigilia. Ya que en la tarde del jueves santo se habían apagado todas las lámparas. Era necesario encender un fuego nuevo. Ese fuego es rodeado de un rico simbolismo. Se encenderá el cirio, signo del Señor resucitado, que guiará a la comunidad en procesión ingresando al lugar de la celebración. El cirio es celebrado por la poética y gozosa acción de gracias cantada por el diácono . Este es el origen del pregón pascual, el Exsultet, originario del siglo IV.

Esta noche está situada en el quicio del misterio de salvación. El día del Señor es al mismo tiempo el tercer día del triduo pascual y el primer día de la cincuentena subsiguiente.

Él celebra "sacramentalmente" el misterio de la salvación y, al evocar la muerte y la resurrección de Cristo, actualiza su eficacia misteriosa.

Esta noche es la madre de todas las santas vigilias.

Esta noche, según antiquísima tradición, es noche de vela ante el Señor (Ex 12, 42), de tal modo que, teniendo presente la recomendación del evangelio ( Lc 12, 35 ss), las lámparas estén encendidas en las manos de los fieles, para que se asemejen a los hombres que esperan que retorne el Señor, y así, cuando venga, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.

 

Recuerdo del éxodo del pueblo de la antigua alianza, de la muerte y de la resurrección del Señor, presencia de Cristo resucitado en la asamblea del pueblo de la nueva alianza por medio de los sacramentos de la iniciación cristiana, espera de su retorno, que durante largo tiempo se creyó que tendría lugar precisamente en la noche de Pascua, tal es el contenido de la vigilia santa. El Exsultet evoca sucesivamente todos estos aspectos.

En la sección histórica hemos visto la fuerte involución que la liturgia empieza a sufrir a partir del siglo VII. Esto se constata de un modo especial respecto a la vigilia pascual.Toda la riqueza simbólica de la que había sido dotada queda anulada al anticiparse su celebración a las dos de la tarde del sábado. Súmese a esto que en el siglo XVI Pío V prohibe celebrar la eucaristía por la tarde (prohibición que duró hasta nuestro siglo).Se había falseado el quicio del año litúrgico.

El movimiento litúrgico hizo de la restauración de la vigilia uno de sus propósitos. La restauración llegó en 1951.

 

 

Celebración de la noche santa:

 

Qué noche tan dichosa
en la que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino

La estructura de la vigilia pascual consta de cuatro momentos: la liturgia del fuego y de la luz, la liturgia de la palabra, la liturgia bautismal y, finalmente, la liturgia eucarística.

 

1. el fuego nuevo y el cirio pascual

La bendición del fuego y del cirio comporta un simbolismo llamativo, en el cual Cristo, aparece como el Señor del tiempo.

Cristo, ayer y hoy
principio y fin
alfa
y omega.
Suyo es el tiempo
y la eternidad.
A él la gloria y el poder
por los siglos de los siglos

La liturgia bizantina canta:

Venid, tomad luz de la luz sin ocaso y glorificad a Cristo que resucitó de entre los muertos.

A continuación el pueblo en procesión sigue la columna de fuego y luz, como lo hizo Israel en el desierto, en pos de la tierra prometida. Durante esa marcha tenemos la aclamación del diácono "La luz de Cristo" o el comienzo de ese hermoso himno vespertino primitivo:

Luz gozosa de la santa gloria
del Padre celeste e inmortal,
santo y feliz Jesucristo.

En la iglesia el diácono entona el pregón pascual. Este consta de dos partes. La primera es una invitación a la alegría,

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria del Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo...

La segunda parte es una acción de gracias.

Porque estas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
Esta es la noche
en la que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Esta es la noche de la que estaba escrito:
"Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo".

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio, trae la concordia,
doblega a los poderosos...

Qué noche tan dichosa
en la que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino
Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos

No bastaría todo un libro para un análisis del Exsultet, que hemos presentado parcialmente. Digamos tan sólo que con un lirismo exuberante presenta toda la teología bíblica y patrística de la Pascua: en Cristo se actualiza toda la historia de salvación y la misma pascua hebrea. En él hemos sido redimidos y regenerados. El himno se cierra con la espera escatológica del Señor (Kyrios-cirio).

 

2. la liturgia de la palabra:

En primer lugar digamos que las lecturas no tienen principalmente un fin didáctico, sino que ellas son, ante todo, una actualización a la luz de Cristo. Ello no impide que nos hallemos ante un fondo catequético universal que arraiga en la tradición judía. Según el Targum palestino, los judíos conmemoraban durante la noche de Pascua el recuerdo de "cuatro noches": las de la creación del mundo, del sacrificio de Abraham, del éxodo y de la venida del Mesías. Las lecturas veterotestamentarias de la vigilia pascual de los cristianos empiezan precisamente por los relatos de la creación, del sacrificio de Abraham y del paso del mar Rojo, seguidos de un texto escatológico del libro de Isaías (Is. 54, 5- 14). Luego siguen tres lecturas más directamente orientadas hacia la celebración del bautismo. La lectura del Apóstol también es bautismal (Rom 6, 3- 11), y finalmente viene el relato del descubrimiento del sepulcro vacío por las mujeres que llevan los perfumes y el anuncio que reciben del ángel: "Ha resucitado". Cada lectura del Antiguo Testamento es seguida de un salmo o de un cántico, como un eco de la misma, y luego viene la oración sacerdotal conclusiva. Queremos destacar la oraciones correspondientes a la primera y séptima lecturas. En aquella se muestra la pascua del Señor como una nueva creación, pero de mayor grandeza aún que la primera. En la oración a la séptima lectura la Iglesia es denominada sacramento de la nueva alianza. Es una de las concepciones centrales de la teología patrística recuperada por el Concilio Vaticano II. El paso del antiguo testamento al nuevo se realiza en el canto del Gloria in excelsis, mientras repican las campanas. El Gloria es el canto pascual por excelencia de los cristianos.

 

3. la liturgia bautismal

La comunidad marcha hacia la fuente bautismal y, tras la invocación a los santos, se bendice el agua bautismal. Esta bendición es un auténtico memorial en que se recuerda el lugar del agua en la obra salvífica de Dios: en la creación, el diluvio, el Mar Rojo, el Jordán, la cruz y finalmente en el mandato de bautizar, concluyendo en esta oración.

Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.

La temática se centra en la exuberancia de vida que brota de la Pascua. Esto era representado en los antiguos baptisterios paleocristianos, en los que abundaban las plantas y animales paradisíacos.

Durante la aspersión del pueblo se canta una antífona que refiere al agua que brota del costado del templo (el costado abierto del Señor en la cruz) y que trae la vida.

El rito de introducir el cirio, símbolo de Cristo, en el agua es profundamente significativo resaltando, como lo hacía Pablo, la íntima conexión de los misterios cristianos con el misterio pascual del Señor.

 

4. la liturgia eucarística

Conviene que el pan y el vino sean llevados por los neófitos adultos, por aquellos que han recibido el bautismo y la confirmación. Mientras la oración de las ofrendas hace referencia a la vida nueva que nace de los sacramentos, la antífona de comunión presenta nuevamente a Cristo como realización de la pascua hebrea:

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos la Pascua con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya.

Finalmente, la oración final manifiesta la caridad como "el" fruto de la celebración pascual.

La vigilia pascual en el rito bizantino:

Levántate y brilla, que ha llegado tu luz
y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti

En Bizancio la vigilia monástica cotidiana se enriquecía con ritos y cantos que convirtieron dicho oficio en el más popular y hermoso del año. Tenemos la vigilia anticipada a la mañana del sábado santo. Hemos podido participar en esta celebración, en la cual hay un rito muy elocuente: el obispo ingresa a la nave arrojando hojas verdes por toda la iglesia. Así simboliza la vida nueva que brota de la resurrección de Cristo.

La vigilia nocturna empieza con el encencido de las velas y la procesión exterior, terminando con la lectura del evangelio de la resurrección. Sigue el oficio habitual de la vigilia y el de la mañana, al final del cual se besa el evangeliario y se intercambia el ósculo pascual:

-Cristo ha resucitado
- Sí, ha resucitado verdaderamente.

Este será el saludo de todos los cristianos orientales al encontrarse, durante el tiempo pascual.

Luego viene la lectura del sermón atribuido a san Juan Crisóstomo.

Que nadie se lamente por su pobreza: pues apareció nuestro reino común. Que nadie se duela de su pecado, pues el perdón surgió del sepulcro...Cristo ha resucitado y los demonios han caído. Cristo ha resucitado y los ángeles están llenos de alegría. Cristo ha resucitado y señorea la vida. Cristo ha resucitado y ya no hay un muerto en la tumba. Pues Cristo resucitado de entre los muertos es la primicia de los difuntos.

A la plegaria conclusiva del oficio matutino sigue la eucaristía según la liturgia de san Juan Crisóstomo.

También hemos podido participar en esta celebración. Actualmente los fieles se reúnen en el atrio esperando la medianoche. Entonces, entre el repicar de las campanas, todos entonan un estribillo que va a atravesar toda la noche:

Cristo resucitó de entre los muertos
y muriendo engañó a la muerte
y a los que yacían en los sepulcros
les concedió la vida

La celebración eucarística sigue a continuación, culminando en la proclamación evangélica del prólogo de san Juan.

 

El triduo pascual

Ayer fui consepultado contigo, Cristo,
hoy me conlevanto contigo que resucitas.
Concrucificado contigo ayer,
Conglorifícame, Salvador, en tu reino.

La expresión "triduo pascual" no es anterior a los años 1930. Pero a fines del siglo IV san Ambrosio hablaba del triduum sacrum en que Cristo "padeció, descansó y resucitó" Poco después san Agustín evocaba el sagradísimo triduo del crucificado, sepultado y resucitado. Cuando san León Magno hable, en la noche santa, de la festividad pascual, del sacramento pascual, asistiremos al estallido y fragmentación de la celebración mistérica de la Pascua.

Hasta entonces la celebración pascual era concentrada en su integralidad en la vigilia pascual. Los viernes había reunión con o sin eucaristía. Ahora se organiza el viernes del ayuno pascual una celebración, fundamentalmente de la Palabra, en torno a la pasión del Señor. Pronto aparecerían la misa del jueves pro la tarde de la cena del Señor y la segunda misa del domingo de Pascua, y luego las vísperas pascuales conclusivas del triduo.Hay un movimiento de acentuación de los diversos momentos del misterio pascual.

El triduo pascual , una vez más, tiene sus raíces en la liturgia de la Iglesia de Jerusalén. Esa iglesia tiende a representar en el lugar bíblico los acontecimientos del misterio pascual. Ese afán de representación lleva a distinguir sus distintos aspectos. Esto no es peligroso si se sigue contemplando la unidad del misterio pascual. Pero, con el tiempo, esa conciencia de unidad se va a perder, fragmentando así el centro del tiempo litúrgico.

 

El jueves santo tiene la misa de la cena del Señor ya en el s. IV, atestiguada en Jerusalén por Egeria. Ese día se celebraban dos misas. Actualmente tenemos el jueves al atardecer la misa de la cena del Señor. La liturgia se centra en ese acontecimiento, mostrándolo como un "lugar" de caridad (el Evangelio y el rito del "mandato" o lavatorio de pies), actualización de la celebración de la pascua judía (primera lectura), institución de la eucaristía (segunda lectura). Hay que destacar la búsqueda de expresar la unidad del misterio pascual. Esto se refleja en la antífona de entrada:

Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, él nos ha salvado y libertado

Esta pieza nos anticipa ya la unidad del misterio de la cruz y resurrección. El mismo matiz de pascua como liberación domina la liturgia de las horas desde la antífona de entrada .

El viernes santo: Eteria, esa peregrina del siglo IV que nos describe las costumbres de la iglesia de Jerusalén, nos testimonia que se trataba de una jornada dedicada íntegramente a la oración itinerante, recorriendo los lugares de Jesús. En Roma en el siglo VII ya tenemos nuestra celebración: se expone la cruz sobre el altar, luego hay una liturgia de la palabra, se distribuye el cuerpo y sangre reservados de la misa del día anterior. Finalmente se venera y besa la cruz. Es la estructura de nuestra celebración de la pasión. En los países francos posteriormente se introduce la oración de los fieles. A partir del s. XIII se produce una modificación importante: sólo comulga el sacerdote celebrante. Esto será así hasta 1955.

Durante la edad media se va produciendo la anticipación progresiva de la celebración. En el siglo XVI ésta quedó fijada en la mañana. La reforma litúrgica volvió a situarla a la tarde.

La celebración actual consta de la liturgia de la palabra, la oración universal de los fieles, la adoración de la cruz y , finalmente, la comunión. En esta celebración actual la oración refiere al misterio pascual, instaurado por la sangre de Cristo, que borra el antiguo pecado de Adán. Las lecturas son dominadas por la pasión del Señor, que, libremente, se entrega a ella (evangelio), mostrada como obediencia filial (segunda lectura) y prefigurada por el siervo sufriente (primera lectura). Esta última sin embargo nos abre a la totalidad del misterio pascual, en cuanto que vislumbra la glorificación final.

Por eso le daré una parte entre los grandes,
con los poderosos tendrá parte en los despojos;
porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores,
y él tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

La oración universal o de los fieles actual es testigo de la liturgia romana primitiva. Su estructura es la siguiente: se propone la intención, se ora en silencio y, finalmente, el presidente engloba esta oración silenciosa en una oración colecta. Podemos ver en esta oración el paradigma de la oración de los fieles dominical. Es el modelo de una iglesia verdaderamente católica, abierta a la universalidad de las necesidades de los hombres. El orden en esta oración es el siguiente: se suplica por la iglesia (pidiendo su unidad y perseverancia en la fe), el papa, los ministros y los fieles, los catecúmenos (quienes van a ser iniciados en los misterios cristianos durante la vigilia pascual), la unidad de los cristianos, los judíos, los no cristianos, los que no creen en Dios, los gobernantes y, finalmente, los atribulados.

 

Un momento muy querido por la devoción de los cristianos es la adoración de la cruz. Evidentemente este rito muy antiguo surgió en Jerusalén. La cruz es mostrada y, posteriormente, se la venera. La liturgia gusta jugar entre el árbol de la cruz y el del paraíso. Cristo aparece a lo largo de todo el triduo como la contrafigura de Adán. Éste está continuamente en el trasfondo de la liturgia de estos días. Mientras el pueblo marcha en procesión para la adoración, el coro entona primero los llamados "improperios". Éstos presentan, patéticamente, la paradoja del amor divino a lo largo de la historia de salvación y el rechazo de su pueblo en la pasión.

Pueblo mío! ¿qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
Yo te saqué de Egipto;
tú preparaste una cruz
para tu salvador...
Santo Dios.
Santo y fuerte
Santo e inmortal,
ten piedad de nosotros...

Luego continúa con un hermoso himno a la cruz, cuya antífona canta

Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
Dulces clavos! Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

La cruz nos ha abierto, nuevamente, las puertas del paraíso.

En la comunión la unidad del misterio pascual y la perspectiva de la resurrección se manifiestan en la oración ("...que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo...") y en la oración sobre el pueblo ("...este pueblo, que ha celebrado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección"). En lugar del responsorio en la liturgia de las horas se canta el himno de Filipenses, en el cual la pasión está transida ya por el misterio de la resurrección:

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Desde el sábado se le agrega

por eso Dios lo exaltó sobre todo
y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre".

Toda la celebración del triduo, como hemos visto, está tensa hacia la vigilia pascual.

 

El sábado santo

El Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos.

En los primeros siglos este día hay ayuno absoluto en espera de la celebración. Luego se introdujo la "devolución del símbolo" de los catecúmenos. Por ese rito éstos muestran haber aprendido el símbolo de fe de la iglesia (el Credo).

Has santificado hoy la semana
que antes bendijiste por el descanso de las obras,
transformas y renuevas todo guardando el sábado, Salvador mío...

El gran sábado es el descanso de Jesús en el sepulcro y también su descenso a los infiernos, su misterioso encuentro con cuantos esperaban que se abrieran las puertas del cielo. Es día de recogimiento en la paz y en la espera. Es el misterio del Señor muerto:

El Señor de todo es visto como muerto,
y es colocado en una tumba nueva
el que ha vaciado los sepulcros de sus muertos

Ahora analizamos el misterio de este sábado santo desde las antífonas de la liturgia de las horas.

Es el descanso del Señor, el verdadero "sabbat": mi carne descansa en paz", "su tabernáculo está en Jerusalén, su morada en la paz".

Ese descanso es al mismo tiempo apertura a la potencia misericordiosa de Dios. Es la "esperanza contra toda esperanza": "creo -dice, como un nuevo Job- que veré los bienes del Señor en la tierra de los vivientes", "hoy estoy afligido, pero mañana romperé mis cadenas", "en la mañana hazme escuchar tu gracia ya que confío en ti", "Señor sacaste mi vida de la región de los muertos", "oh muerte, yo seré tu muerte, país de los muertos yo seré tu aguijón", "arranca mi vida de las puertas del abismo", "estaba muerto pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades", "en la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti", "como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el hijo del hombre en el seno de la tierra". Una de las lecturas hace proclamar, proféticamente, a Jesús:

"Vengan, volvamos a Yavé.
Pues si él nos lesionó, él nos sanará,
si él nos hirió, él vendará nuestras heridas.
Dentro de poco nos dará la vida,
al tercer día nos resucitará
y viviremos en su presencia."

Pero es quizá esta homilía anónima del siglo II, leída en el oficio de lecturas, la que refleja, con una belleza sin par, todo el misterio del "santo y grandioso Sábado":

"¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.

En primer lugar va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los hombres que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.

El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos:

-Mi Señor está con vosotros.
Y responde Cristo a Adán:
-Y con tu espíritu.
Y, tomándole de la mano, lo levanta, diciéndole:

-Despierta, tú que duermes y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.

Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados", y a los que estaban adormilados: "Levantáos".

Yo te lo mando: despierta, tú que duermes, porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos, Levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, obra de mis manos; levántate, salgamos de aquí: porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.

Por ti, tu Dios me ha hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aún bajo tierra, por ti hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto. Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado.

Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.

Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muere, Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.

Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco ya no en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; más he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.

Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.

El misterio pascual es significado por esta hermosa teología patrística.

La misericordia de Dios en la Resurrección del Señor se orienta a la divinización del hombre.

Habiéndose dormido como muerto,
el Rey y Señor resucita al tercer día.
Levantando a Adán de la corrupción
y destruyendo la muerte.
Pascua de incorrupción
salvadora del mundo.

El domingo de resurrección:

Primitivamente la solemnidad pascual consistía en la vigilia santa, que terminaba antes de la aurora. Sin embargo, muy pronto se quiso prolongar la festividad a lo largo de la jornada del domingo, tan cargada de recuerdos, desde el mensaje del ángel a las mujeres portadoras de perfumes hasta la manifestación del resucitado en medio de los diez apóstoles al anochecer. Se agrega una segunda misa pascual, se abre la octava pascual con las catequesis mistagógicas, y las vísperas romanas de Pascua.

 

Celebración:

La reforma de 1955 restituyó el carácter vespertino de la cena el jueves santo (que anteriormente, al celebrarse la misa por la mañana, se había transformado en un día de adoración de la eucaristía). En la mañana en la catedral se celebra la misa crismal.

El oficio del viernes santo antes de la reforma se celebraba por la mañana, y la tarde era para el via crucis y el sermón sobre la pasión. La reforma de 1955 fijó el oficio de la "pasión y muerte del Señor" para la tarde. La reforma de 1970, tras el concilio, modifica finalmente los textos de la celebración.

En el sábado santo no hay reunión fuera de la celebración cotidiana de las horas.

La liturgia del domingo de Pascua no había sido tocada por la reforma de semana santa. La liturgia de las horas de 1970 restaura las laudes pascuales y se modificaron todas las oraciones de la misa.

 

El tiempo pascual

Es una octava de domingos y una semana de semanas. El tiempo pascual se inicia el domingo de resurrección y se prolonga hasta el domingo de Pentecostés. Ese domingo de resurrección es también el último día del triduo y el primer día de la octava pascual. ¿Qué es la octava pascual? Se extiende ese domingo de resurrección por una semana. Esto se originó con el uso de brindar una catequesis exhaustiva en esta semana a quienes habían recibido la iniciación en la vigilia pascual. Pentecostés, la fiesta conclusiva de la cincuentena pascual se empezó a celebrar en el siglo III. Al comienzo en ese día se celebraba tanto la ascensión del Señor, como el envío del Espíritu, pero luego se separan las dos fiestas. Litúrgicamente Pentecostés tiende prácticamente a calcar la estructura de Pascua: dotada también de una solemne vigilia, incluso son bautizados quienes no pudieron serlo la noche de Pascua.

Los cincuenta días que median entre el domingo de resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como "un gran domingo".

 

La celebración de la eucaristía en el tiempo pascual:

En las lecturas se privilegian los libros de los Hechos y del Evangelio de san Juan. Ellos van exponiendo el tema de la pascua: Jesucristo, el Señor, murió y resucitó para salvar el mundo

La segunda lectura está sacada de la primera carta de Pedro, se trata de una catequesis bautismal (ciclo A), de la primera carta de Juan, las exigencias del amor que brotan del misterio pascual (ciclo B), y del Apocalipsis (ciclo C).

Hoy posee una oración colecta propia para cada día. Hay, además, 5 prefacios.

Para el inicio de la misa, en la antífona de entrada, después de la octava pascual, se halla un mismo tema cada día de semana : Cristo ha resucitado (lunes), el triunfo del resucitado (martes), el canto sálmico de los rescatados (miércoles), el nuevo Éxodo (jueves), la salvación en la sangre de Cristo resucitado (viernes), la vida nueva en Jesucristo (sábado).

 

En el oficio divino en el ciclo anual se lee en la octava pascual la primera carta de Pedro, luego el Apocalipsis (4 semanas) y, finalmente, las cartas de san Juan (2 semanas). En el ciclo bianual se toma para el segundo año la lectura semicontinua de los Hechos para toda la cincuentena. Las 9 lecturas patrísticas constituyen un florilegio excepcional de textos relativos al misterio pascual y su celebración.

La liturgia de Ascensión, tanto en la misa como en la liturgia de las horas, insiste que su ascensión es también la nuestra,

...porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo.

En el sermón de san León se lee la célebre frase:

 

Lo que fue visible en nuestro Redentor, ha pasado a los sacramentos.

Pentecostés tiene dos misas: la de la vigilia y la del día. Para la primera se pueden escoger cuatro lecturas del Antiguo Testamento, que se complementan mutuamente. Se concentran en el envío del Espíritu como reverso de Babel, como nueva creación.

Vimos la luz verdadera,
recibimos el Espíritu celeste,
encontramos la fe verdadera,
adorando la Trinidad indivisible,
Ella nos salvó.

La preparación de la Pascua

El ayuno con que la iglesia se prepara a la celebración pascual comienza a extenderse hasta llegar, en el siglo IV, a los cuarenta días, la "quadragesima" (cuarentena). En el siglo X en los países renanos se introduce el rito de la imposición de las cenizas.

La espiritualidad de la cuaresma está marcada, desde antiguo, por tres elementos fundamentales. Es un tiempo de intensificación en la caridad (entendida fundamentalmente como misericordia con los necesitados y reconciliación con los hermanos), de oración y de ayuno. Para los catecúmenos, a su vez, será una intensa preparación final para recibir la iniciación en la vigilia pascual. Los penitentes, por otro lado, aguardan recibir la reconciliación con Dios y la iglesia.

La semana santa se inaugura el domingo anterior al de Pascua y se extiende hasta el jueves santo. Entonces finalizará el ayuno cuaresmal. Entramos ya en la celebración del santo triduo pascual. Y el ayuno que desde ahora se extiende hasta la vigilia no es un ayuno penitencial, por el contrario es un ayuno festivo, de quienes se preparan para recibir el "sacramento" pascual. En Jerusalén a partir del siglo IV surge el uso de celebrar el ingreso mesiánico del Señor en esa ciudad. Es característico de esta celebración la procesión con ramos de los fieles.

Hoy la gracia del Espíritu Santo nos ha congregado,
y todos, levantando tu cruz, decimos:
Bendito el que viene en nombre del Señor,
hosanna en las alturas

La liturgia romana, en cambio, no conoce ese uso. En su lugar conmemoraba especialmente la pasión del Señor. De allí su denominación de "domingo de Pasión". La solemne procesión con ramos, originada en Jerusalén, recién va a introducirse en las liturgias occidentales hacia el siglo IX.

El jueves santo por la mañana, desde el siglo IV, la iglesia de Roma celebraba la reconciliación de los pecadores. Actualmente ese tiempo es dedicado a la misa crismal. Cada iglesia, reunida bajo la presidencia de su pastor, asistido por todo su clero, confecciona durante la eucaristía los óleos que van a ser empleados en la celebración de los sacramentos durante todo ese año.

 

Celebración de la cuaresma

Actualmente, y a partir de la reforma, el rito de bendición e imposición de las cenizas, que anteriormente se situaba antes de la misa, pasa al momento posterior a la liturgia de la palabra. En esta nueva ubicación se resalta más claramente que toda la preparación cuaresmal brota de la palabra de Dios. Es ella quien dará la fuerza y guiará a la iglesia en este camino hacia la celebración pascual.

Las lecturas de la misa:

Las lecturas veterotestamentarias de los cinco primeros domingos presentan las grandes etapas de la marcha de la humanidad hacia la Pascua de Cristo. Así tendremos en el primer domingo las alianzas originales (La caída, la alianza con Noé, la profesión de fe del pueblo elegido), el segundo domingo está centrado en Abraham ( la vocación de Abraham, el sacrificio de Isaac, la alianza de Dios con Abraham), el tercero en Moisés ( Moisés golpea la roca, la Ley dada a Moisés, Dios revela su nombre a Moisés), el cuarto en el pueblo de Dios que vive en la Tierra santa ( David, el exilio, y el retorno, la Pascua de la tierra prometida) y finalmente el domingo de los profetas (Ezequiel, Jeremías, Isaías).

Las lecturas evangélicas presentan, según los tres sinópticos, las tentaciones de Jesús el primer domingo y su transfiguración, el segundo. Para los tres domingos siguientes se ofrece en el ciclo A los grandes evangelios de la catequesis bautismal; la revelación de Cristo a la samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro.

Este ciclo A presenta una catequesis tan lograda que incluso puede utilizarse otros años, si en la comunidad hay catecúmenos. Las lecturas del ciclo B anuncian la exaltación de Cristo por medio de su elevación en la cruz, y el ciclo C invita a la conversión, al revelar la misericordia de Dios.

Durante la cuaresma en la segunda lectura no se leen las cartas apostólicas en lectura semicontinua, sino que cada domingo se escogen unos fragmentos para ayudar a vincular la lectura del Antiguo Testamento con el misterio de Cristo.

Las lecturas entre semana han conservado los rasgos fundamentales del leccionario anterior. La primera lectura es siempre del Antiguo Testamento, en la cuarta semana se empieza la lectura del evangelio de san Juan; la mayoría de las perícopas tradicionales han sido conservadas.

Las oraciones colectas: domingo I (expone la finalidad de la cuaresma, que consiste en "conocer y vivir con mayor plenitud el misterio de Cristo"), II (alude a la transfiguración de Jesús), III (recuerda que debemos buscar el remedio del pecado en el "ayuno, la oración y la limosna"), IV, domingo "Laetare" (evoca "las próximas fiestas pascuales"), V (hace referencia a Cristo, que "se entregó a la muerte por la salvación del mundo").

La semana santa no tiene una verdadera unidad litúrgica.


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