¡QUÉ NOCHE TAN DICHOSA!

Liturgia y teología del Triduo Pascual

Conferencias en la Parroquia Cristo Obrero

Dr. Pablo Argárate

Lunes- miércoles santo (1-3 de abril de 1996)

 

El Misterio Pascual

Es el centro de la Revelación, teología, liturgia y espiritualidad. Todo brota de él y confluye hacia él.

Plantearse el tema de la celebración de la Pascua implica remitirse a la incidencia del Misterio salvífico de Cristo; cómo Cristo es Señor del tiempo y, a la vez, como la Iglesia transfigura el tiempo cronológico por la irrupción dentro de él del tiempo salvífico, el kairós ("Se ha colmado el kairós y el reino de los cielos se ha acercado").

La comunidad cristiana desde sus mismos comienzos celebra el primer día de la semana, no el séptimo, el shabbat, como los judíos. Y celebra en aquel primer día porque es el día de la Resurrección del Señor, de las manifestaciones de Cristo a la comunidad de sus discípulos. En realidad, se hablará más que del primer día, del octavo, significando así el carácter de novedad total, escatológico de la Pascua de Cristo.

En el siglo II se empieza a celebrar también una pascua anual. Se toma para ello el domingo (día de la resurrección) siguiente al 14 de nissan, fecha en la que celebran los judíos.

Así surge la práctica de pasar la noche en vigilia, ayunos, lecturas y oración, para culminar con el banquete eucarístico en medio de un profundo gozo por la Resurrección del Señor. Con el tiempo se va a extender esta celebración pascual por una semana de semanas y el día 50º se celebrará solemnemente Pentecostés, como irrupción plena del Espíritu en el mundo, como consecuencia y explicitación de la Pascua de Jesucristo. Así el tiempo pascual se extiende por cincuenta días después de la Pascua.

Al mismo tiempo surge la costumbre de prepararse para tan grande fiesta de Pascua. Así en los cuarenta días anteriores la comunidad se alista para el gozo pascual. Se toma el número de cuarenta por su simbolismo bíblico (días de Jesús en el desierto; años de Israel en el desierto; días de Moisés y Elías en el Sinaí y Carmelo, respectivamente). Es la cuarentena (quadragesima), la cuaresma.

De esta manera tenemos constituido ya el ciclo de cuaresma-pascua.

Pronto se desarrolla el triduo sagrado o triduo pascual. En esos tres días, viernes, sábado y domingo, la Iglesia re-presenta y vuelve a vivir efectivamente el Misterio del Señor crucificado, sepultado y resucitado.

La iglesia antigua tuvo siempre presente, en la celebración del triduo, la unidad del Misterio Pascual que celebra. Sin embargo, con el tiempo se desarrolla un cierto peligro: la fragmentación del Misterio. Por ello hay que tener en cuenta que la liturgia no recuerda hechos pasados en una atmósfera de afectividad espiritual, sino que celebra un misterio que se hace actual. Está en juego la comprensión de lo que la liturgia es.

Al mismo tiempo en el triduo pascual hay una fuerte tensión hacia la noche santa, la vigilia pascual, como culminación y centro no sólo del triduo, sino de todo el año litúrgico. Así, la celebración eucarística más importante es la de al vigilia y no la del jueves.

 

El Triduo Pascual

El triduo sacratísimo del Salvador crucificado, sepultado y resucitado (San Agustín).

Ayer fui consepultado contigo, Cristo,

hoy me conlevanto contigo que resucitas.

Concrucificado contigo ayer,

Conglorifícame, Salvador, en tu reino

Unidad: la resurrección sale y brota de la pasión y de la misma muerte.

El Triduo Pascual se origina en Jerusalén con motivo del deseo de celebrar cada "misterio" en su lugar.

Ese Triduo era y debería ser del viernes por la mañana hasta el domingo por la noche. Desplazamiento: prohibición de celebrar a la tarde: sábado de gloria (los signos se vuelven contradictorios), sólo los clérigos asisten. Corrupción del centro de la liturgia cristiana. Volver a las fuentes a partir de 1951.

Jueves Santo

Misa crismal

Es uno de los momentos más fuertes de la expresividad de la comunidad diocesana. En efecto, en ella confluyen todos los fieles, alrededor de su pastor, el obispo junto con sus ayudantes, los presbíteros. Allí la iglesia local entera celebra a Jesucristo. Y en esa celebración comunitaria se consagran los óleos que nutrirán casi todos los sacramentos de esa iglesia local en ese año. Así cada sacramento brotará de ese misterio de unidad del pueblo cristiano en torno a su Señor. La sacramentalidad de la Iglesia no es sino una emanación del Señor resucitado, del sacramento pascual.

Misa in coena Domini

Riesgo: fragmentación y clima de tristeza. Poner más devoción y atención en la eucaristía del jueves santo que en la vigilia, que es la culminación de los tres días santos. Finaliza el ayuno penitencial y empieza el ayuno festivo. En Roma hasta el siglo VII no había misa; era el día de la Reconciliación de los Penitentes.

Unidad en la antífona de entrada:

Nosotros hemos de gloriarnos (gloriari, ser glorificados) en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, él nos ha salvado y libertado (Cf. Ga 6, 14).

La liturgia de la Palabra resalta dos aspectos: el de caridad (Evangelio, antif. del Ev. y rito [ Jerusalén, s. V; pascua judía] , Ubi Charitas,: Iglesia como comunidad del amor, agápe) y el de la celebración de la Pascua (actualización de la celebración judía2 » [2ª] , institución de la eucaristía » [1ª, NT] .

Esto se refleja en la oración colecta:

Señor Dios nuestro, nos has convocado hoy (esta tarde) para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de tu amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos santos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida.

En la 2ª lectura se lee:

"Éste cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto en memoria mía" (1 Co 11, 25).

Traslado solemne de la reserva (s. XIII-XIV). Primero tenía sólo un sentido práctico y sencillo. Con el desarrollo del culto eucarístico se llenó de solemnidad. Finalmente por la acentuación en el aspecto de tristeza se empezó a ver en el lugar de la reserva el monumentum, la sepultura de Cristo.

La Pascua aparece, fundamentalmente, como liberación.

La Cena del Señor es la cena judía en la que se pronuncia la oración de bendición. Cristo agrega el memorial de su propio sacrificio (La pascua judía era ya un memorial, anámnesis, ser contemporáneo a los acontecimientos salvíficos)

 

Celebración judía de la Pascua

oraciones y bendiciones (Qiddush, Hallel » salmos 112-117: "Éste es el día que hizo el Señor"¼ )

Haggadah

himnos

Se llena la copa del profeta Elías, por la firme convicción en la pronta redención mesiánica. Es la copa que tomará Cristo.

Principales líneas

1. Se llena una gran copa

2. Ablución de las manos en silencio

3. Se mojan las yerbas amargas (maror) en vinagre (Judas)

4. Se llena de vino una segunda copa

5. Haggadah:

Antes de comer la matzá se recita:

Bendito seas Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, Quien hace surgir el pan de la tierra

Bendito seas Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, Quien nos santificó por sus preceptos y nos ordenó comer matzá

El niño pregunta:

¿Por qué es diferente esta noche de las demás noches? En todas las noches comemos Jametz (pan con levadura) o matzá (pan sin levdura), ¿por qué esta noche solamente matzá?

Todas las noches comemos cualquier verdura, ¿por qué esta noche comemos solamente hierbas amargas?

En todas las noches no se nos ocurre mojarlas ni una sola vez, ¿por qué esta noche dos veces?

Todas las noches comemos sentados o recostados, ¿porqué esta noche todos comemos recostados?

Respuesta del padre:

Esclavos del faraón fuimos en Egipto y el Señor nuestro Dios, nos sacó de allí con mano firme y brazo extendido (Dt 6, 21). Y si el Santo, bendito sea Su nombre, no hubiera sacado a nuestros padres de Egipto, nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos estaríamos subyugados al faraón en Egipto. Por lo tanto, aunque fuéramos todos sabios, todos doctos, todos ancianos, todos conocedores de la Torá (Ley), igualmente es nuestro deber relatar el éxodo de Egipto. Y cuanto más narra uno acerca del éxodo de Egipto, tanto más merece ser elogiado

6. Se toma el pan ácimo (no hay tiempo) y luego la yerba amarga, explicando el significado de cada uno.

7. Se eleva la copa de vino, cantándose el Aleluya y la salida de Egipto con la siguiente oración:

Bendito seas, Señor Dios nuestro, Rey del universo, que nos has rescatado, que rescataste de Egipto a nuestros padres y que nos has concedido llegar a esta noche para comer el ázimo y la hierba amarga. De la misma manera, Señor, haz que lleguemos con salud a otras fiestas y a otros días solemnes, estando alegres por haber sido restaurada la ciudad y felices con tu culto; comeremos sacrificios y corderos de Pascua con cuya sangre serán rociadas las paredes de tu altar, y te ofreceremos como homenaje un cántico nuevo por nuestra liberación y nuestro rescate. Bendito seas, Señor, Redentor de Israel.

Se bebe la segunda copa de vino.

8. Lavatorio de manos. El cabeza de familia toma el ácimo, dividido en dos, y pronuncia la siguiente bendición sobre la primera mitad:

Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del universo, que has hecho salir de la tierra el pan.

Y sobre la segunda mitad:

Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del universo, que nos has santificado por medio de los preceptos y nos has ordenado comer los ácimos.

Después el cabeza de familia pasa un trozo de cada uno de los dos ácimos a dos de sus comensales que lo comen a la vez.

9. Se moja un poco de yerba amarga

10. Empieza la cena

11. Tras la cena cada uno come un pedazo de la mitad del pan ácimo que le había quedado reservada y cubierta

12. Se llena de vino la tercera copa, que el es cáliz de "bendición", de acción de gracias. Vienen luego los salmos.

13. Finalmente se bebe la cuarta copa de vino, recitando una oración de acción de gracias:

Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del universo, por la vid y su fruto, por los productos del campo y por la tierra deseable, buena y espaciosa que quisiste dar en herencia a nuestros padres para que gozaran de sus frutos y se saciaran con sus bienes. Compadécete de nosotros, Señor Dios nuestro, de tu Pueblo Israel, de tu ciudad Jerusalén, del mundo de Sión, desde de tu gloria, de tu Altar y de tu Santuario. Reconstruye Jerusalén, la ciudad santa ahora, en nuestros días; haz que volvamos a Jerusalén, la ciudad santa ahora, en nuestros días; haz que volvamos a Jerusalén y alégranos con tu reconstrucción, y te bendeciremos por ello en santidad y pureza; haznos felices en este día de la fiesta de los ácimos, ya que eres bueno y haces bien a todos y te rendimos homenaje por la tierra, la vida y su fruto.

Vienen a continuación himnos.

Viernes Santo

Durante la edad media se va produciendo la anticipación progresiva de la celebración. En el siglo XVI ésta quedó fijada en la mañana. La reforma litúrgica volvió a situarla a la tarde.

La celebración actual consta de la liturgia de la palabra, la oración universal de los fieles, la adoración de la cruz y, finalmente, la comunión. En esta celebración actual la oración refiere al misterio pascual que, instaurado por la sangre de Cristo, borra el antiguo pecado de Adán:

Oh Dios, tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana, la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Que vive y reina por los siglos de los siglos (2ª oración).

 

Liturgia de la Palabra

Las lecturas son dominadas por la pasión del Señor, que, libremente, se entrega a ella (evangelio), mostrada como obediencia filial (segunda lectura) y prefigurada por el siervo sufriente (primera lectura). Esta última sin embargo nos abre a la totalidad del misterio pascual, en cuanto que vislumbra la glorificación final.

Mirad mi siervo tendrá éxito,

subirá y crecerá mucho...

Por eso le daré una parte entre los grandes,

con los poderosos tendrá parte en los despojos;

porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores,

y él tomó el pecado de muchos

e intercedió por los pecadores (Is 52, 13- 53, 12).

El versículo antes del Evangelio es significativo por mostrar la honda unidad del misterio pascual:

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre" (Flp 2, 8-9).

Del costado abierto del Señor brotó la Iglesia:

Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.

Por esta misma razón afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.

(San Juan Crisóstomo, Catequesis 3, 13-19; SC 50, 174-177).

 

Oración Universal

Ésta oración refleja una de las formas más primitivas de oración de la iglesia romana. Ella revela, a la vez, la catolicidad, la apertura de la Iglesia a las necesidades universales de todos los hombres. El orden que se sigue es el siguiente: se suplica por la iglesia (pidiendo su unidad y perseverancia en la fe), el papa, los ministros y los fieles, los catecúmenos (quienes van a ser iniciados en los misterios cristianos durante la vigilia pascual), la unidad de los cristianos, los judíos, los no cristianos, los que no creen en Dios, los gobernantes y, finalmente, los atribulados.

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones (Oración por la Santa Iglesia).

En la oración por los judíos se pide así:

Oremos también por el pueblo judío, el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas, para que el Señor acreciente en ellos el amor de su nombre y la fidelidad a la alianza que selló con sus padres.

Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abrahán y su descendencia, escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención. Por Jesucristo Nuestro Señor.

 

Adoración de la Cruz

Es un momento muy querido por la devoción de los cristianos. Evidentemente este rito muy antiguo surgió en Jerusalén.

La cruz es mostrada y, posteriormente, se la venera:

— Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.

— Venid a adorarlo.

La liturgia gusta jugar entre el árbol de la cruz y el del paraíso. Cristo aparece a lo largo de todo el triduo como la contrafigura de Adán. Éste está continuamente en el trasfondo de la liturgia de estos días, como ya lo vimos en la oración de inicio de la conmemoración de la Pasión del Señor.

La elevación de Cristo en la Cruz refiere a Jn 3, 14. A su vez, en las preces de laudes se dice:

Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres, reúne a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.

Mientras el pueblo marcha en procesión para la adoración, el coro entona primero los llamados "improperios". Éstos presentan, patéticamente, la paradoja del amor divino a lo largo de la historia de salvación y el rechazo de su pueblo en la pasión.

Consta de dos partes. En la primera, más antigua, se van intercalando los improperios con el Trisagion ("Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros") en castellano y griego.

Pueblo mío! ¿qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
Yo te saqué de Egipto;
tú preparaste una cruz
para tu salvador...
Santo Dios.
Santo y fuerte
Santo e inmortal,
ten piedad de nosotros...

La segunda parte va contraponiendo el amor divino al rechazo del pueblo desde la liberación de Egipto hasta la llegada a la tierra prometida.

Luego continúa con un hermoso himno a la cruz, en tono militar y combatiente, cuya antífona canta:

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
Dulces clavos! Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!...

En la última estrofa dice:

Tú solo entre los árboles crecido
para tender a Cristo en tu regazo,
tú el arca que nos salva, tú el abrazo
de Dios con los verdugos de su Ungido
.

La cruz nos ha abierto, nuevamente, las puertas del paraíso:

Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero

Comunión

En la comunión la unidad del misterio pascual y la perspectiva de la resurrección se manifiestan en la oración ("...que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo...") y en la oración sobre el pueblo ("...este pueblo, que ha celebrado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección").

Toda la celebración del triduo, como hemos visto, está tensa hacia la vigilia pascual.

Liturgia de las horas

Antífonas de Laudes:

1. "Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros" S. 50

2. "Jesucristo nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre" Hab.

3. "Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido al alegría al mundo entero".

 

Sábado Santo

el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos.

En los primeros siglos este día hay ayuno absoluto en espera de la celebración. Luego se introdujo la "devolución del símbolo" de los catecúmenos. Por ese rito éstos muestran haber aprendido el símbolo de fe de la iglesia (el Credo).

Has santificado hoy la semana
que antes bendijiste por el descanso de las obras,
transformas y renuevas todo guardando el sábado, Salvador mío...

El gran sábado es el descanso de Jesús en el sepulcro y también su descenso a los infiernos, su misterioso encuentro con cuantos esperaban que se abrieran las puertas del cielo. Es día de recogimiento en la paz y en la espera.

Es el misterio del Señor muerto:

El Señor de todo es visto como muerto,
y es colocado en una tumba nueva
el que ha vaciado los sepulcros de sus muertos

Ahora analizamos el misterio de este sábado santo desde las antífonas de la liturgia de las horas: Es el descanso del Señor, el verdadero "sabbat": mi carne descansa en paz", "su tabernáculo está en Jerusalén, su morada en la paz".

Ese descanso es al mismo tiempo apertura a la potencia misericordiosa de Dios. Es la "esperanza contra toda esperanza": "creo -dice, como un nuevo Job- que veré los bienes del Señor en la tierra de los vivientes", "hoy estoy afligido, pero mañana romperé mis cadenas", "en la mañana hazme escuchar tu gracia ya que confío en ti", "Señor sacaste mi vida de la región de los muertos", "oh muerte, yo seré tu muerte, país de los muertos yo seré tu aguijón", "arranca mi vida de las puertas del abismo", "estaba muerto pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades", "en la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti", "como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el hijo del hombre en el seno de la tierra". "Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida".

Invitatorio: A Cristo, el Señor, que por nosotros murió y por nosotros fue sepultado, venid adorémosle.

Oficio Antiguo:

Maitines:

3. requiescere "Caro mea requiescet in spe"

4. "Elevamini portae aeternalis et introibit Rex gloriae" + S. 23

5. "Credo videre bona Domini in terra viventium" + S. 26 ("El Señor es mi luz y mi salvación. ¿Aquíén temeré?)

6. "Domine, abstraxistis ab inferis animam meam".

8. "In pace factus est locus eius, et in Sion habitatio eius" (también en nona moderna)

 

Laudes:

1. "O mors, ero mors tua, morsus tuus ero, inferne"

3. "Attendite, universi populi, et videte dolorem meum"

4. "A porta inferi erue, Domine, animam meam" + Cant. Ezequías (Is 38, 10-20: Ego dixi in dimidiu dierum meorum vadam ad portas inferi... Dixi: Non ima videbo Dominum in terra viventium...")

5. S. 150 de alabanza universal (También en la tercera en laudes nuevos)

Oratio: Concede, quaesumus, omnipotens Deus, ut qui filii tui resurrectionem devota expectatione praevenimus; eiusdem resurrectionis gloriam consequamur.

 

Vísperas:

1. "Hodie afflictus sum valde, sed cras solvam vincula mea" + S. 15 (Calicem salutaris accipiam)

Magn: Principes sacerdotum et pharisaei munierunt sepulchrum signantes lapidem, cum custodibus

 

Oficio Actual

Vigilias:

1. "En paz me acuesto y duermo tranquilo" + S. 4 ("Hay muchos que dicen, ¿quién nos hará ver la dicha si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?").

2. "Mi carne descansa serena" + S. 15 ("Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha").

3. "Levantáos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria" + S. 23.

1ª lectura (impares): Lm 5, 1-22 ("¿Por qué has de olvidarnos para siempre? ¿Por qué toda la vida abandonarnos? Haz que volvamos a ti, Señor, y volveremos").

Antigua Homilía: tema del huerto (3 veces); vine a la tierra y sún bajo tierra (antif. biz.). cruz/árbol. lanza/espada de fuego. paraíso/más que paraíso, el trono celestial. Ya no se le prohibe comer del árbol de la vida sino que ahora se une a la misma Vida. Antes los ángeles te guardaban, ahora te adoran como Dios. Trono de los querubines. Luego aparece el tema de las bodas del Rey (Lc 25): mensajeros, banquete, tálamos, RC.

 

Laudes:

1. "Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor"

2. "Líbrame, Señor, de las puertas del abismo" + Cant. de Ezequías en Is 38 (igual que 4ª de laudes antiguos): "Yo pensé: ‘Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo. Levantan y enrorllan mi vida como una tiernda de pastores. Como un tejedor devanaba yo mi vida, y me cortan la trama... Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados... Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora..."

3. "Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del Hades" + S. 150 (como la 5ª de laudes antiguos).

Lectura: Os 6, 1-3a.

Responsorio: Christus entero :

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre".

Oración:

Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna.

 

Vísperas

1. "Oh muerte, yo seré tu muerte, país de los muertos, yo seré tu aguijón".

2. "Como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra" + S. 142 ("En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti").

3. "Destruid este templo -dice el Señor- y yo lo levantaré en tres días"; esto lo decía refiriéndose al templo de su propio cuerpo + Himno Flp.

En la oración del día se dice:

Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo en el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

Una de las lecturas hace proclamar, proféticamente, a Jesús:

Vengan, volvamos a Yavé.
Pues si él nos despedazó, él nos sanará,
si él nos hirió, él vendará nuestras heridas.
Dentro de poco nos dará la vida,
al tercer día nos resucitará
y viviremos en su presencia (Os 6, 1-2)

Pero es quizá esta homilía anónima del siglo II, leída en el oficio de lecturas, la que refleja, con una belleza sin par, todo el misterio del "santo y grandioso Sábado":

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.

En primer lugar va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los hombres que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.

El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos:

-Mi Señor está con vosotros.
Y responde Cristo a Adán:
-Y con tu espíritu.
Y, tomándole de la mano, lo levanta, diciéndole:
-Despierta, tú que duermes y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.

Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados", y a los que estaban adormilados: "Levantáos".

Yo te lo mando: despierta, tú que duermes, porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos, Levántate, mi esfigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, obra de mis manos; levántate, salgamos de aquí: porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.

Por ti, tu Dios me ha hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aún bajo tierra, por ti hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto. Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado.

Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.

Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muere, Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.

Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco ya no en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; más he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.

Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.

El misterio pascual es significado por esta hermosa teología patrística. La misericordia de Dios en la Resurrección del Señor se orienta a la divinización del hombre.

Habiéndose dormido como muerto,
el Rey y Señor resucita al tercer día.
Levantando a Adán de la corrupción
y destruyendo la muerte.
Pascua de incorrupción
salvadora del mundo
(liturgia bizantina)

Domingo de Pascua

Vigilia Pascual

Origen y desarrollo de la vigilia pascual

El viernes y el sábado ayunaréis completamente y no tomaréis nada. Reuníos, no durmáis, velad toda la noche en oraciones, súplicas, lectura de los profetas, del evangelio y de los salmos.. hasta las tres horas de la madrugada siguiente al sábado. entonces dejaréis de ayunar ... Ofreced vuestros dones y luego comed, estad alegres, felices y contentos, pues el Mesías, prenda de vuestra resurrección, ha resucitado. Será para vosotros un ley eterna hasta el fin del mundo.

Este documento nos muestra como se celebraba la pascua antiguamente. Ayuno, reunión de la comunidad de creyentes, vigilia de oración, lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, celebración de la eucaristía, ágapes fraternales en la alegría de Cristo resucitado, tales son los elementos fundamentales de la vigilia pascual.

Sin embargo nuestra celebración actualmente presenta otros elementos.

En esta vigilia dominada por una extensa y rica celebración de la palabra la liturgia romana va a introducir el bautismo y la bendición de la fuente bautismal hacia el siglo III, el uso del cirio pascual, precedido por la bendición del fuego nuevo y la procesión de la luz.

Es decir ilumina la noche pascual con el simbolismo del agua, como novedad de vida que irrumpe con el misterio pascual, y la luz de Cristo brillando en las tinieblas.

Pablo, en la carta a los romanos, ya había mostrado la íntima conexión entre el bautismo y el misterio pascual: aquel nos injerta en este.

¿Qué noche más adecuada en el año para que aquellos que cuidadosamente se han preparado sean incorporados a Cristo y su iglesia?. Es claro que esto requiere para alcanzar su máxima expresión que el bautismo sea de adultos.

Sabemos de la importancia en las culturas antiguas de la luz. Resulta casi imposible para nosotros, acostumbrados a la electricidad, imaginarnos todas las resonancias que despertaba el tema de la luz. Así un momento especial es aquel en que se enciende la luz para la noche. Un momento especial, lleno de evocaciones. Las tinieblas que empiezan a invadir y que, en alguna medida, amenazan la vida del hombre, son sofocadas por la protección de esa luz. Por ello constituye un momento de gozo. Es la hora del banquete con los amigos. Entre los judíos marca el inicio del nuevo día y el viernes por la tarde solemnemente comienza la celebración del sábado.

La liturgia cristiana se ha enriquecido por hermosos himnos de los cristianos que ven, en este fuego nuevo, la luz de Cristo. Esto se potencia más aún en la celebración pascual.

Se va a consagrar a Dios esa luz que iluminará a la comunidad en la vigilia. Ya que en la tarde del jueves santo se habían apagado todas las lámparas. Era necesario encender un fuego nuevo. Ese fuego es rodeado de un rico simbolismo. Se encenderá el cirio, signo del Señor resucitado, que guiará a la comunidad en procesión ingresando al lugar de la celebración. El cirio es celebrado por la poética y gozosa acción de gracias cantada por el diácono . Este es el origen del pregón pascual, el Exsultet, originario del siglo IV.

Esta noche está situada en el quicio del misterio de salvación. El día del Señor es al mismo tiempo el tercer día del triduo pascual y el primer día de la cincuentena subsiguiente. Él celebra "sacramentalmente" el misterio de la salvación y, al evocar la muerte y la resurrección de Cristo, actualiza su eficacia misteriosa.

Esta noche es la madre de todas las santas vigilias

Esta noche, según antiquísima tradición, es noche de vela ante el Señor (Ex 12, 42), de tal modo que, teniendo presente la recomendación del evangelio ( Lc 12, 35 ss), las lámparas estén encendidas en las manos de los fieles, para que se asemejen a los hombres que esperan que retorne el Señor, y así, cuando venga, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa (Consitución apostólica).

Recuerdo del éxodo del pueblo de la antigua alianza, de la muerte y de la resurrección del Señor, presencia de Cristo resucitado en la asamblea del pueblo de la nueva alianza por medio de los sacramentos de la iniciación cristiana, espera de su retorno, que durante largo tiempo se creyó que tendría lugar precisamente en la noche de Pascua, tal es el contenido de la vigilia santa. El Exultet evoca sucesivamente todos estos aspectos.

Ya hemos visto la fuerte involución que la liturgia empieza a sufrir a partir del siglo VII. Esto se constata de un modo especial respecto a la vigilia pascual.

Toda la riqueza simbólica de la que había sido dotada queda anulada al anticiparse su celebración a las dos de la tarde del sábado. Súmese a esto que en el siglo XVI Pío V prohibe celebrar la eucaristía por la tarde (prohibición que duró hasta nuestro siglo). Se había falseado el quicio del año litúrgico. El movimiento litúrgico hizo de la restauración de la vigilia uno de sus propósitos. La restauración llegó en 1951.

Celebración de la noche santa

Qué noche tan dichosa
en la que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino

La estructura de la vigilia pascual consta de cuatro momentos: la liturgia del fuego y de la luz, la liturgia de la palabra, la liturgia bautismal y, finalmente, la liturgia eucarística.

el fuego nuevo y el cirio pascual

La bendición del fuego y del cirio comporta un simbolismo llamativo, en el cual Cristo, aparece como el Señor del tiempo.

Cristo, ayer y hoy
principio y fin
alfa
y omega
.
Suyo es el tiempo
y la eternidad.
A él la gloria y el poder
por los siglos de los siglos

Al encender el sacerdote el cirio pascual dice:

La luz de Cristo, que resucita glorioso,
disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

La liturgia bizantina canta:

Venid, tomad luz de la luz sin ocaso y glorificad a Cristo que resucitó de entre los muertos.

A continuación el pueblo en procesión sigue la columna de fuego y luz, como lo hizo Israel en el desierto, en pos de la tierra prometida. Durante esa marcha tenemos la aclamación del diácono "La luz de Cristo" o el comienzo de ese hermoso himno vespertino primitivo:

Luz gozosa de la santa gloria
del Padre celeste e inmortal,
santo y feliz Jesucristo.

En la iglesia el diácono entona el pregón pascual (Exsultet). Este consta de dos partes. La primera es una invitación a la alegría,

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria del Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo...

La segunda parte es una acción de gracias.

Porque estas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
Esta es la noche
en la que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Esta es la noche de la que estaba escrito:
"Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo".
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio, trae la concordia,
doblega a los poderosos...
¡Qué noche tan dichosa
en la que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.

No bastaría todo un libro para un análisis del Exsultet, que hemos presentado parcialmente. Digamos tan sólo que con un lirismo exuberante presenta toda la teología bíblica y patrística de la Pascua: en Cristo se actualiza toda la historia de salvación y la misma pascua hebrea. En él hemos sido redimidos y regenerados. El himno se cierra con la espera escatológica del Señor (Kyrios-cirio).

la liturgia de la palabra:

En primer lugar digamos que las lecturas no tienen principalmente un fin didáctico, sino que ellas son, ante todo, una actualización a la luz de Cristo. Ello no impide que nos hallemos ante un fondo catequético universal que arraiga en la tradición judía.

Según el Targum palestino, los judíos conmemoraban durante la noche de Pascua el recuerdo de "cuatro noches": las de la creación del mundo, del sacrificio de Abraham, del éxodo y de la venida del Mesías.

Las lecturas veterotestamentarias de la vigilia pascual de los cristianos empiezan precisamente por los relatos de esas tres grandes noches: la creación, del sacrificio de Abraham y del paso del mar Rojo, seguidos de un texto escatológico del libro de Isaías (Is 54, 5- 14). Luego siguen tres lecturas más directamente orientadas hacia la celebración del bautismo. La lectura del Apóstol también es bautismal (Rm 6, 3- 11), y finalmente viene el relato del descubrimiento del sepulcro vacío por las mujeres que llevan los perfumes y el anuncio que reciben del ángel: "Ha resucitado".

Lec

Tema

Oración

Creación (Gn 1, 1-31; 2, 1-2)

el MP es más grande que la creación.

Salmo resp: 103 con antífona: "Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra"

Sacrificio de Isaac (Gn 22, 1-18)

salmo responsorial: "el Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano"... Resurrección

Cruce del Mar Rojo (Ex 14-15)

Cánt. de Moisés. Orac: refer. a las aguas del bautismo

"El que te hizo te tomará por esposa"(teol. de la Iglesia) (Is.54)

cumplimiento de lo que los patriarcas creyeron y esperaron

"Oíd sedientos, acudid por agua...Sellaré con vosotros una alianza perpetua" (Is 55, 1-11)

"sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación"

"Camina a la claridad de su -la sabiduría- esplendor" (Bar 3)

oración: referencia al bautismo

"Derramaré un agua pura...crearé un corazón nuevo... os infundiré mi espíritu" (Ez 36)

oración: la Iglesia como sacramento de la nueva alianza

salmo resp: S. 41 con la antífona: "sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación"

Ep.

Bautismo y M. Pascual (Rm 6)

 

Ev

A-B-C

Descubrimiento del sepulcro vacío por las mujeres

Analicemos más detenidamente aquella liturgia de la Palabra:

El hombre, y toda la creación, es muy bueno (primera lectura), pero más buena aún es la recreación obrada en el misterio pascual (oración) por el Espíritu de Dios (salmo).

Cristo proclama el salmo (de la segunda lectura):

mi carne descansa serena,
porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Y en el salmo de la tercera lectura dice:

Mi fuerza y mi poder es el Señor; Él fue mi salvación

Esta alianza es eterna:

Aunque se retiren los montes
y vacilen las colinas,
no se retirará de ti mi misericordia
ni mi alianza de paz vacilará.

También brota la temática de la unión esponsalicia pascual (cuarta lectura), de una esposa de la juventud repudiada.

En el salmo de la cuarta lectura dice:

Sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Israel vive en la tiniebla por haberse apartado del Señor, por haber abandonado la sabiduría. Por eso debe buscarla.

Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia,
así aprenderás dónde se encuentra la vida larga,
la luz de los ojos y la paz.

Ella es la Palabra de Dios, sus mandatos (sexta lectura). En ellos está la vida. Y al resplandor de su claridad debemos caminar:

"Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor".

En la séptima lectura se refiere a una purificación total y una pneumatización; una nueva creación, desaparece lo viejo (arrancaré el corazón de piedra). Un nuevo corazón y un nuevo espíritu para caminar según sus preceptos, para cumplir los mandatos. Eso nos convierte en su pueblo.

En el salmo ese rol conductor es atribuido a "la luz y la verdad", enviadas por Dios.

Esa nueva creación se da en el sacramento de la Iglesia (oración).

La Epístola se centra en los efectos existenciales en nosotros de la Pascua: una nueva vida; la vieja ha sido crucificada con Cristo. Vivimos para Dios, en Cristo Jesús.

Cada lectura del Antiguo Testamento es seguida de un salmo o de un cántico, como un eco de la misma, y luego viene la oración sacerdotal conclusiva. Queremos destacar la oraciones correspondientes a la primera y séptima lecturas. En aquella se muestra la pascua del Señor como una nueva creación, pero de mayor grandeza aún que la primera. En la oración a la séptima lectura la Iglesia es denominada sacramento de la nueva alianza. Es una de las concepciones centrales de la teología patrística recuperada por el Concilio Vaticano II.

El paso del antiguo testamento al nuevo se realiza en el canto del Gloria in excelsis, mientras repican las campanas. El Gloria es el canto pascual por excelencia de los cristianos.

la liturgia bautismal

La comunidad marcha hacia la fuente bautismal y, tras la invocación a los santos, se bendice el agua bautismal. Esta bendición es un auténtico memorial en que se recuerda el lugar del agua en la obra salvífica de Dios: en la creación, el diluvio, el Mar Rojo, el Jordán, la cruz y finalmente en el mandato de bautizar, concluyendo en esta oración

Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.

La temática se centra en la exuberancia de vida que brota de la Pascua. Esto era representado en los antiguos baptisterios paleocristianos. Éstos normalmente tenían forma octogonal y siete escalones hasta llegar al fondo, para reflejar el simbolismo de la Pascua, el octavo día. Al mismo tiempo estaban decorados con mosaicos con motivos de animales y plantas exuberantes; por el bautismo volvemos al paraíso, al jardín de la vida que brota ilimitada.

Durante la aspersión del pueblo se canta una antífona que refiere al agua que brota del costado del templo (el costado abierto del Señor en la cruz) y que trae la vida.

El rito de introducir el cirio, símbolo de Cristo, en el agua es profundamente significativo resaltando, como lo hacía Pablo, la íntima conexión de los misterios cristianos con el misterio pascual del Señor.

la liturgia eucarística

Conviene que el pan y el vino sean llevados por los neófitos adultos, por aquellos que han recibido el bautismo y la confirmación.

Mientras la oración de las ofrendas hace referencia a la vida nueva que nace de los sacramentos, la antífona de comunión presenta nuevamente a Cristo como realización de la pascua hebrea:

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos la Pascua con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya.

Finalmente, la oración final manifiesta la caridad como "el" fruto de la celebración pascual:

Derrama, Señor, sobre nosotros, tu espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en un mismo sacramento pascual.

 

La vigilia pascual en el rito bizantino

Levántate y brilla, que ha llegado tu luz
y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti

En Bizancio la vigilia monástica cotidiana se enriquecía con ritos y cantos que convirtieron dicho oficio en el más popular y hermoso del año. Tenemos la vigilia anticipada a la mañana del sábado santo. Hemos podido participar en esta celebración, en la cual hay un rito muy elocuente: el obispo ingresa a la nave arrojando hojas verdes por toda la iglesia. Así simboliza la vida nueva que brota de la resurrección de Cristo.

La vigilia nocturna empieza con el encendido de las velas y la procesión exterior, terminando con la lectura del evangelio de la resurrección. Sigue el oficio habitual de la vigilia y el de la mañana, al final del cual se besa el evangeliario y se intercambia el ósculo pascual:

—Cristo ha resucitado
— Sí, ha resucitado verdaderamente.

 

Este será el saludo de todos los cristianos orientales al encontrarse, durante el tiempo pascual.

Luego viene la lectura del sermón atribuido a san Juan Crisóstomo

Que nadie se lamente por su pobreza: pues apareció nuestro reino común. Que nadie se duela de su pecado, pues el perdón surgió del sepulcro...Cristo ha resucitado y los demonios han caído. Cristo ha resucitado y los ángeles están llenos de alegría. Cristo ha resucitado y señorea la vida. Cristo ha resucitado y ya no hay un muerto en la tumba. Pues Cristo resucitado de entre los muertos es la primicia de los difuntos.

A la plegaria conclusiva del oficio matutino sigue la eucaristía según la liturgia de san Juan Crisóstomo.

También hemos podido participar en esta celebración. Actualmente los fieles se reúnen en el atrio esperando la medianoche. Entonces, entre el repicar de las campanas, todos entonan un estribillo que va a atravesar toda la noche:

Cristo resucitó de entre los muertos
y muriendo engañó a la muerte
y a los que yacían en los sepulcros
les concedió la vida.

La celebración eucarística sigue a continuación, culminando en la proclamación evangélica del prólogo de san Juan.

 

Liturgia de las Horas (Oficio Divino) del Domingo de Resurrección

Aquí presentamos tan sólo los textos.

 

Oficio antiguo

Invitatorio: Surrexit Dominus vere. Alleluia.

Antífonas de Maitines

1. Ego sum quis um et consilium meum non est cum impiis, sed in lege Domini voluntas mea est, alleluia. S. 1.

3. Ego dormivi et somnum cepi et exsurrexi quoniam Dominus suscepit me. Alleluia. Alleluia. S. 3.

 

Antífonas de Laudes:

1. Angelus autem Domini descendit de caelo et accedens revolvit lapidem et sedebat super eum. Al. Al.

Antífona del Benedictus: Et valde mane une sabbatorum veniunt ad monumentum orto iam sole. All.

 

Prima, Tercia, Sexta, Nona: Haec dies quem fecit Dominus, exultemus et laetemur in ea.

 

Oficio Moderno

Antífonas de Laudes:

1ª: "Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya".

2ª: "Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor, cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya".

3ª: "Aleluya. Ha resucitado el Señor tal como os lo había anunciado. Aleluya".

La oración la veremos más abajo, al analizar la misa del día.

La antífona del Magnificat, en Vísperas, dice:

La tarde de aquel mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban los discípulos se presentó Jesús; y en presencia de todos exclamó: "La paz sea con vosotros". Aleluya.

 

Misa del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

En la antífona de entrada se ve claramente la Resurrección como una mostración de la omnipotencia del Padre:

He resucitado y aún estoy contigo, has puesto sobre mí tu mano: tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.

La oración colecta afirma la plena donación del Espíritu y, por lo tanto, de la vida por el misterio pascual. En ella aparece toda la salvación como la interrupción de la vida trinitaria en el mundo. En efecto, El Padre por Jesucristo nos llama nuevamente a la vida. Y esta renovación, esta vivificación, la realiza por su Espíritu:

 

Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, par resucitar en el reino de la luz y de la vida.

La oración final acentúa la tensión del dinamismo entre esta celebración ritual de la Pascua y la Pascua final y escatológica. Es el ya pero todavía no.

Protege, Señor, a tu Iglesia con amor paternal, para que, renovada por los sacramentos pascuales, llegue a la gloria de la resurrección.

En la liturgia de la Palabra la Pascua aparece como la operación definitiva de Dios en la historia: "Éste es el día en que actuó el Señor" (Salmo 117, responsorial). El Evangelio ve en la fe de la comunidad en la resurrección ante el sepulcro vacío, el fundamento de la iglesia. Ésta resurrección es la actualización última de la Pascua judía y Cristo es aquí el Cordero pascual (2ª lectura). En Cristo se realiza y culmina toda la larga historia de salvación. Cristo es la palabra definitiva del Padre al mundo.

Finalmente, la dimensión trinitaria del misterio pascual aparece en la 1ª lectura. Jesús es precisamente el Jristós, el Ungido por el Espíritu Santo, el Mesías (Mashiáh) de Dios, resucitado por el Padre. La Salvación es la penetración total de todo el universo por parte del Espíritu. Todo se vuelve pneumático, todo es reflejo de Dios, el cosmos se vuelve trasparente a la gloria del Resucitado. Finalmente, Dios es todo en todos.


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